domingo, 30 de marzo de 2014

La Sombra de Gaudi

 


Alex Guerra Terra tiene la capacidad y la nada fácil tarea de transportarnos a lugares apartados, a lugares donde a pesar de no haber puesto nunca el pie, puedes sentir como tocas a los Dioses o respirar un dulce y evocador Mana.

Algunas veces esos lugares no son tan distantes, están aquí, a la vuelta de la esquina, con solo pasar una página.

Como ocurre con La Sombra de Gaudí.

He de reconocer que al principio el título me sugirió la vida y anécdotas del genial arquitecto, que en cierta forma lo es, pero cargada de esa trama de sentimientos y pasiones que llevan a comprender muchísimo mejor la figura de este ser enigmático y pasional. El porqué de su soledad, de sus circunstancias y perseverancia.

El libro es sencillamente exquisito.

Porque además, Alex narra la historia, documentada excepcionalmente, de una manera profunda y respetuosa, pero sin caer en el aburrimiento de datos y fechas. Va entrelazando magistralmente, y amenamente la historia pasada y presente. Y a raíz de eso, podemos imaginarnos también, por qué no, la historia futura.

Todo el mundo conoce en mayor o menor medida la historia de Antoni Gaudí como profesional único e irrepetible. Pero estoy segura de que muy pocos conocíamos esa parte de su vida que lo volvió tan reservado... tan profundo, aún más si cabe.

Como el perder al amor de su vida por su timidez y dejarse vencer por ella.

La pérdida en tan poco tiempo de tantos seres queridos, que parecían ser los únicos que lo comprendían perfectamente. La construcción de su obra magna que lo dejó casi sin fuerzas, la Sagrada Familia, de la que era consciente de que jamás vería acabada.

Qué decir de Bibi, esa maravillosa anciana que nos roba a todos el corazón y que, estoy segura, identificamos como a alguien de nuestra familia, de nuestra vida, siempre preocupándose y velando por Nicolás. Y como consigue que este llegue a amar la figura y la persona del arquitecto.

Una mezcla de épocas perfectamente ligadas y planteadas, rítmicamente al son de sentimientos propios y ajenos.

Muchas historias de han contado, ciertas o no, del Maestro, lo que es cierto y no deja lugar a la duda es que la que nos cuenta Alex Guerra es la historia aunténtica, la que está vista con los ojos verdaderos, los del corazón, yendo más allá de habladurías que tanto daño le hicieron a Gaudí, y penetrando en lo profundo de su ser para así hacernos ver cómo era realmente. La historia de la VIDA, con mayúsculas, de este hombre incomprendido. Un loco, para muchos, un solitario... pero un ser humano que muy pocos se atrevieron a conocer profundamente.

Un hombre que no tenía tiempo ni ganas de hacer caso a los chismes que se decían de su persona.

Yo me quedo con Antoni. Con la persona, con el ser profundo que amó intensamente y sufrió por ello. Con el amigo de sus amigos. Los que realmente lo conocían y lo aceptaban así. Incondicionalmente. Con esa Sombra que estoy convencida que aún se proyecta en cada una de sus obras, porque nunca morirá para los que hemos conseguido comprenderle, ya no solo como lo que representa para el mundo por su legado de "Piedras con Vida", sino porque a través de la autora, del camino que ella misma a recorrido por y para Antoni, se ha encargado de que lo que hemos conocido sobre la persona de Gaudí, nos haya hecho, como me ha ocurrido a mí, sentir cada segundo de ese viaje iniciático al alma y vida de este Maestro. Levantar por un momento los ojos de las páginas y decir: "Dios mío... pobre Antoni..."

Y tanto la trama de nuestro arquitecto, unido para siempre a Bibi, de Nicolás y su primer amor, como un guiño al catalán, y la excelente explicación de los investigadores de sucesos paranormales, hacen que el libro se convierta en esa ruta por Barcelona que estoy segura que muchos ya han comenzado a hacer con el libro de Alex bajo el brazo.

Puede que nunca, como la misma autora dice, se pueda demostrar con claridad la existencia de ciertos casos paranormales, pero lo cierto es que están ahí... nos persigue su Sombra.

Yo creo y sé, porque la autora así lo ha querido, o lo ha provocado... y mi corazón me dice después de leer su obra que el espíritu de este maravilloso ser esta deambulando por ese bello parque donde Nicolás pasaba largas horas y que todos las hemos pasado con él.

Siento que ella misma ha podido presentirlo, en la creación de su obra al igual que hiciera el arquitecto en su momento.

Y todos nos hemos preguntado el porqué un hombre de tanta profundidad y lleno de pasiones al extremo, de amor incondicional por lo que hacía, con tanto que dar... tuvo ese trágico fin...

Lleno de cultura, simbolismos, amor... amor auténtico, del bueno, del que no hace falta decir nada más...

Él creía.

Ver es creer, pero sentir es estar seguro.

Alex me ha transportado a la Barcelona de 1885, he andado por sus calles y escuchado el sonido de sus tranvías y cascos de caballos... he escuchado a Mozart junto a Antoni y Pepeta, y sentido al unísono el latir de sus corazones, porque yo también sé lo que es amar en silencio.

Me he sentido muy identificada con Diana, siempre alocada y tenaz, pero siempre ella misma y dejándose llevar... y he sentido esas charlas... a través del todo...

Alex ha sabido, en cierto modo, leer mi (nuestro) interior.

Y el interior de los personajes, comprenderlos y actuar en consecuencia para legarnos una obra que estoy plenamente convencida de que calará hondo en muchos de nosotros.

Porque al igual que Antoni, hace su trabajo con el corazón y basándose, porque no decirlo, en sus propias vivencias, lo que convierten su trabajo en algo único.

Hace poco, cuando terminé de leer La Sombra, deambulé por La Sagrada Familia, de noche, y estaba especialmente silenciosa la ciudad de Barcelona, como si hubiera querido estar así para que Antoni pudiera oírme.

Estaba tan abstraída que mientras caminaba, inspiré y exhalé un profundo suspiro y dije en voz alta: "Antoni, hace noventa años tu también caminabas por aquí y viste el mismo cielo que yo miro ahora..."

Volví a bajar la mirada y me giré, despacio, esperando encontrarme al arquitecto detrás de mí, sonriéndome... y debía de estar porque dije: "No, Antoni, no llueve en Barcelona... son mis lágrimas..."

¿Puedes sentirlo? Sus obras no están muertas, están vivas. Pueden sentirse, respirarse y oírse.

¿No las oyes?

Te oímos más que nunca, Maestro.

Gracias Alex, por regalarnos un trozo del corazón de este genio, y hacer que su Sombra nos envuelva para siempre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece una magnífica reseña sobre el libro. Desconozco a la autora, pero parece interesante.

Silvia Pallarés dijo...

Hola.Y lo es.Gracias por tu interés y por comentar.Gracias por tus palabras!Un saludo.